El arte de la oratoria, por el profesor Carbonell

Hace dos semanas tuve la oportunidad de ser alumno, en un curso sobre oratoria organizado por el Ilustre Colegio de Abogados de La Rioja, de un grandísimo orador y de una grandísima persona, el profesor Roberto Carbonell. Un consultor de 83 años (si no lo dice hubiera pensado que tenía 60) dedicado durante toda su carrera a las artes oratorias y de la propia imagen.

Para un abogado que se precie, tener la competencia de hablar en público con seguridad y credibilidad es fundamental, de ahí mi interés por este tipo de cursos y mi especial motivación para participar siempre que se tiene la oportunidad. En este curso salí, junto con otros tres compañeros/as como voluntario para hablar ante el resto de asistentes (asistimos algo más de cuarenta abogados) y ser grabado por el profesor en nuestra exposición en dos ocasiones, una de forma espontánea y otra poniendo en práctica sus enseñanzas.

Al ver la grabación antes de poner fin al curso, tomé conciencia de lo diferente que es hablar en público con cierta soltura y hablar bien en público (a secas). La técnica a aplicar la expuso con toda claridad y extensión durante los dos días de clase.

Según el profesor Cabonell la mecánica del habla se compone de tres elementos interrelacionados:

  •  Cuerpo-imagen (presencia);
  •   Inteligencia racional (mensaje);
  •   Inteligencia emocional (expresión).

Estos tres elementos bien conjugados y trabajados atendiendo, además de al mensaje y a la expresión, a los siguientes aspectos de la expresión verbal y no verbal, conforman las cualidades de un gran orador:

  • La mirada: mirar a los asistentes, a todos los asistentes, es clave, sin centrarse nunca en una única persona y sin desviar la mirada ni cerrar continuadamente los ojos, procurando enfocar la mirada al entrecejo de los asistentes. Es importante mostrarnos cercanos y sonreír, mostrar serenidad.
  •  Las piernas: estando de pie hemos de mantenerlas paralelas y muy cerca, así como los pies, que han de estar paralelos y muy juntos, pero sin tocarse (cuando nos movemos lo hacemos moviendo los brazos mínimamente). Intentar practicar esta posición, os vais a sorprender de lo complicado que es mantenerse en ella. A mí me costó lo suyo pero sí es cierto que te hace estar en una especie de equilibrio corporal. Mientras estamos sentados también hemos de mantener las piernas rectas, el profesor no recomendaba cruzar las piernas o ponerlas en posición estirada o replegada.
  •  Los brazos y las manos: estando de pie, brazos caídos para subirlos a la altura de la cadera moviendo ambas manos suavemente, sin juntarlas y sin estar todo el rato bajándolas y subiéndolas. Sentados, al estar echados un poquito hacia delante (como en guardia) al borde de la silla, apoyamos los antebrazos en la mesa, sin meterlos en exceso y en cualquier caso sin juntarlos, moviendo, como al estar de pie, suavemente las manos.
  • La voz: hablar pausadamente y vocalizando con claridad pero sin ser exagerados, adecuar las expresiones y el vocabulario al foro en el que nos encontramos (especialistas o principiantes). Enfatizar las palabras que queremos resaltar y modular el tono de la voz en función del grado de severidad o emotividad con que queramos transmitir el mensaje. Y, por último, muy importante, al hablar cogemos aire por la boca, no por la nariz, con expiraciones cortas posicionando la boca como si fuéramos a pronunciar la ?e?.

Las posturas anteriores el profesor las definía como posturas ?de base?, las cuales tenemos que incorporar de manera natural, de nuevo, en nuestro actuar. Y digo de nuevo porque, tal y como comentaba el profesor, las posiciones más adecuadas son las que adoptan los niños de dos a cuatro años.

Asimismo, las posturas se dividen en dos grupos: las de trabajo, separando estos momentos de actividades lúdicas o vitales, y las de descanso. En el caso de las primeras hay que tratar de cumplir con las pautas anteriores, por ganar en concentración y presencia, en el caso de las segundas podemos ponernos como

Un par de aspectos que señalaba el profesor como muy positivos a la hora de hablar en público, y que nos sorprendió, son tener un torso prominente y unas cejas expresivas. Los relaciona con el magnetismo y la credibilidad.

Para ir concluyendo, un truco que compartió el profesor para controlar los nervios en los primeros momentos en que saltamos a la palestra para hablar en público es el de la ?técnica de la cuenta atrás?, que consiste en contar de 10 a 1 pausadamente. De este modo, pasamos del hemisferio cerebral emocional al racional y, al menos en parte, remiten los nervios del primer momento.

Comparto con todos y todas, el enlace al blog del profesor Roberto Carbonell, en el que encontramos vídeos explicativos, trucos y artículos muy interesantes.

Me despido por hoy, agradeciendo al maestro sus enseñanzas, que con tanto interés y cariño nos transmitió.

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