Las reuniones son tiempo de trabajo, ¿o no?

Como en otras facetas de la vida, en la profesional hay situaciones que, en ocasiones, damos por supuesto que son de una determinada manera o que tan siquiera nos planteamos cómo deberían ser; hasta que llega alguien y nos hace recapacitar realmente sobre una determinada situación.

El caso que me ha llevado a la reflexión anterior: solemos dar por hecho que nos reunimos en horas de trabajo (principalmente los que trabajamos en oficina) y que, por tanto, el tiempo dedicado a reuniones, tanto internas (de coordinación, etc.) como externas (con clientes, proveedores u otros), son tiempo de trabajo a todos los efectos. Pero, ¿qué consideración le damos a las reuniones cuando se convocan a una determinada hora o fecha en la que todos o parte de los empleados convocados no están en horario laboral? Pensemos por ejemplo en las reuniones de coordinación que se celebran en departamentos o empresas en que se trabaja a turnos alternos (mañana y tarde) o rotatorios (mañana, tarde y noche).

Con lo expuesto, de inicio me parece oportuno refrescar la definición sobre “tiempo de trabajo” que recoge nuestro ordenamiento jurídico. Éste ha de computarse ?de modo que, tanto al comienzo como al final de la jornada diaria, el trabajador se encuentre en su puesto de trabajo? (Art. 34.5 del Estatuto de los Trabajadores). Es decir, se trata de una definición que incluye únicamente un criterio de localización o de disponibilidad para delimitar el tiempo de trabajo, pero que deja de lado referencia alguna a las actividades que se realicen, o a aquellos períodos en los que sin estar realizando una prestación efectiva se está a disposición de la empresa y, por tanto, el trabajador está imposibilitado para realizar otra actividad.

Más reveladora es la definición que da la normativa comunitaria sobre ?tiempo de trabajo?, considerando como tal ?el período durante el cual el trabajador permanezca en el trabajo a disposición del empresario y enejercicio de su actividad o de sus funciones? (Art. 2 de la Directiva 20133/88 CE). Con esta definición, desde mi punto de vista, y a los efectos de determinar si las reuniones de trabajo son tiempo de trabajo, parece quelas mismas deberían tener esa consideración, si se celebran fuera de la jornada ordinaria de trabajo, en el momento en que el trabajador ?permanezca en el trabajo [o fuera de él, añadiría yo] a disposición del empresario y en ejercicio de su actividad o de sus funciones?.

Pero sigamos analizando. En el entorno laboral hay distintos tipos de reuniones (las clasificaciones son muy diversas: en función de los asistentes, del objeto, del objetivo, de la participación?), pero yo me voy a referir a lasreuniones de asistencia obligatoria (la empresa exige la asistencia de los convocados), de asistencia voluntaria (la empresa invita a que el trabajador acuda voluntariamente a la convocatoria, sin represalia ni consecuencias negativas en caso de no acudir) y aquéllas que programan los propios trabajadores (como pueden ser las reuniones asamblearias).

Pues bien, según entiendo yo el asunto, y con las definiciones anteriores en la mano, únicamente deberían computar como tiempo de trabajo, con independencia de que estemos en horario laboral o no, las reuniones señaladas por la empresa y anunciadas como de asistencia obligatoria.

Sirva como ejemplo para ratificar mi tesis lo regulado en el Art. 19.4 ET, el cual dispone que ?el empresario está obligado a facilitar una formación práctica y adecuada en materia de seguridad e higiene a los trabajadores que contrata (?)?. Si bien, la actividad de formación preventiva no es propiamente tiempo de trabajo, es considerada como tal desde el momento en que constituye una obligación del trabajador y cuyo incumplimiento se considera sancionable laboralmente (Art. 29.3 de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales).

Aunque no se trata de una reunión, el ejemplo anterior es un tiempo que el trabajador ha de estar obligatoriamente en presencia de la persona designada por el empresario para recibir formación y, por tanto, se considera tiempo efectivo de trabajo a todos los efectos.

Finalmente, (permitidme la expresión) como la cabra siempre tira al monte, he buscado jurisprudencia sobre la forma en que interpretan los tribunales el tiempo de reuniones a efectos de cómputo de jornada, y he encontrado una interesante Sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, de 13 de octubre de 1992 (disculpad que no la vincule, no se encuentra en la base de datos del poder judicial), la cual en extracto entiende, en su Fundamento de Derecho 3º, que “La asistencia a reuniones de trabajo fuera de la jornada diaria, o en fin de semana, debe tener la consideración de horasextraordinarias pues el trabajador realiza una actividad efectiva por encargo de la empresa y por él aceptada, lo que encaja en el concepto del art. 35-1 E.T.

Con este razonamiento, parece claro que, más allá de su consideración como horas extraordinarias a efectos retributivos, podemos entender que una reunión señalada como obligatoria por la empresa fuera del horario de trabajo es tiempo efectivo de trabajo y, en tal sentido, ha de computar como jornada de trabajo realizada. Sobre todo cuando se trata de reuniones que no se pueden celebrar en horario de trabajo de todos los convocados, ya que de otro modo también cabría la posibilidad de que alguno de los citados se negara a acudir.

Por supuesto, dejo abierto el debate y la posibilidad de réplicas y comentarios.

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